¿Qué fue de Joanna Hoffman, directora de marketing de Apple?

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Lo siento, Mamitech, no he podido resistirme a la tentación de hacerle un homenaje a la estupenda serie FEUD y a Qué fue de Baby Jane. Pero este es un post mucho más optimista, porque voy a hablar de Joanna Hoffman, una mujer fundamental en la historia de Apple. De ella, apenas sabemos las pinceladas que se nos dio en el filme Steve JobsQué cinematográfica estoy hoy, ¿no?

Joanna Hoffman, algo más que el Pepito Grillo de Steve Jobs

Apple no es una empresa cualquiera. Su posición en el mundo de la tecnología tiene muchas más aristas que la calidad de sus productos. Ha conseguido convertirse en la marca aspiracional por excelencia. Los consumidores identifican sus dispositivos con el estilo de vida que desean tener. Por supuesto, esto no es producto del azar, sino la consecuencia de una visión comercial extraordinaria. Y en esto Joanna Hoffman tuvo mucho que ver. Pero, ¿cómo se convirtió en la directora de marketing internacional de Apple?

Lo cierto, Mamitech, es que la vida de Hoffman parece demostrar aquello de que “todos los caminos conducen a Roma”. Vivió su infancia en Polonia, bajo el dominio de la Unión Soviética. Hija de padres divorciados, su madre se enamoró de un estadounidense, por lo que la pequeña Joanna terminó reuniéndose con ella en Buffalo, Nueva york.

Como estudiante, llama la atención la total vocación humanística de la joven. Fijaos: se formón en lingüística, antropología y física. No sorprende que terminara dedicándose al marketing: hay pocas disciplinas más trasversales que esta. No obstante, al principio se decantó a por la arqueología. De hecho, estuvo a punto de ir a una excavación a Irán, pero este proyecto se frustro, debido al estallido de la revolución en dicho país.

Joanna Hoffman conoce a Jef Raskin y comienza la historia

¿Os imagináis una arqueóloga yendo a una conferencia sobre tecnología? Son como los dos extremos de una misma cuerda. Pero, como decíamos, Joanna Hoffman es una mujer de una curiosidad inmensa. Además, tiene la suerte de vivir en los años 70, todo estaba en ebullición, todo estaba iniciando. La arqueóloga quiso ver el inicio de una era, pero la casualidad ¿o no? quiso que se encontrara con alguien que supo ver lo mucho que tenía que aportar a la vanguardia de dicho cambio: Jef Raskin.

Decíamos, pues, que después de asistir a una conferencia en el Campus de Xerus en Chicago, entabla una discusión apasionada con Raskin, ¿el tema? El potencial que tenían los ordenadores para cambiar la vida de la gente. El rigor y el ardor de Joanna Hoffman fue tal que su interlocutor le concertó  una cita con Steve Jobs. Y ahí comenzó todo. La conexión y la lealtad que los unió sirvió para que incluso cuando despidieron a Jobs de Apple, ella le acompañara.

Cuando entró a trabajar en el equipo Macintosh, este aún era un proyecto de investigación, por lo que ella era, literalmente, el equipo de marketing. Se implicó hasta el fondo, tanto que ella misma escribió parte del libro de instrucciones del mismo. Jobs y Joanna Hoffman compartían una misma visión sobre la función de los ordenadores, pero también sobre la importancia de la comunicación. Y esto lo demuestra.

Los dos genios trabajaron codo con codo y de igual a igual. Fue una de las pocas personas que se enfrentaba a él y le decía que estaba equivocado. Y él sabía que solía tener razón. Hoffman era los pies en la tierra de Apple, pero también la creatividad. Por ello, llevó y consolidó la marca en Europa y a Asia.

Para conseguirlo, pergeñaron juntos las míticas presentaciones de los productos Apple, la presencia estratégica de los mismos en shows que funcionaban en sí mismos como referentes de vida y con potencial internacional, el énfasis en lo esencial de crear dispositivo bonitos, además de funcionales… Participó y diseñó el germen por el que hoy Apple es Apple.

Joanna Hoffman supo ver que los ordenadores no eran un mero instrumento de gestión de datos. Entendió que podían convertirse no solo en “facilitadores” de vida, sino en una extensión de la misma. Como tal, tenían que comunicar algo, decir algo de nosotros mismos. Y lo consiguieron. Lo consiguió. Apple no es un producto, es un mensaje.

 

 

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